Luego de conocer la realidad de dos importantes Fundaciones en Chile, quise continuar colaborando con organizaciones que buscan ayudar a quienes más lo necesitan. Es así como hace poco más de una año me integré al equipo de LPH para apoyar en la difusión de su misión.

En el marco del programa de lactancia materna que LPH implementa en Haití, el pasado 14 de abril realicé una visita de una semana a este país, con el objetivo de documentar y captar contenido para difundir la misión institucional. En este lugar me enfrené a un choque cultural y una cruda realidad que afecta a una nación completa: el hambre.

La mayoría de las personas imaginamos Haití como un lugar muy lejano, inhóspito y exótico, sin embargo, esto no es tan así. Su ciudad capital se encuentra a solo 1.300 kilómetros de Miami (Estados Unidos), lo que te hace preguntar ¿Cómo es posible que exista tan enorme diferencia social entre dos naciones que se encuentran tan cerca la una de la otra? A mi llegada a la isla, lo primero que llama fuertemente mi atención, es encontrarme con un moderno aeropuerto, lo cual me da una sensación y esperanza de cierto “desarrollo social”, pero que más adelante se desvanece como el humo que se respira en cada esquina de Puerto Príncipe.

Si existe una palabra para definir la vida en la principal ciudad de Haití, es el caos. Calles sin un claro sentido del tránsito donde conviven Tap-Tap con decenas de pasajeros movilizándose hacinados, motociclistas con hasta 3 pasajeros a bordo, montañas de basura en las esquinas, una infraestructura totalmente deteriorada y un alto porcentaje de desempleo que permite ver por todas partes muchas personas sentadas sin hacer nada, como esperando a que la vida pase.

Solo con estar unas horas en Puerto Príncipe es posible apreciar, desde mi punto de vista, la falta de institucionalidad en todo ámbito, no es posible identificar de forma clara un organismo que establezca las “reglas del juego”, dejando a cientos de personas en una selva, donde impera la ley del más fuerte.

Según algunas estadísticas, el 77% de la población en Haití vive bajo la extrema pobreza, la mayor parte de su gente vive con menos de 1 dólar diario, privándolos de derechos mínimos que garanticen la vida, como el acceso a comida, agua potable, asistencia médica y educación, condiciones que elevan la tasa de mortalidad, aumentan el hacinamiento y dejan a un 58% de la población con algún grado de desnutrición, alcanzando una esperanza de vida de a penas 62 años.

La misión de LPH

Leche Para Haití trabaja para combatir uno de los principales problemas que sufre el pueblo haitiano, la desnutrición infantil. Para esto se han desarrollado dos proyectos: El programa de nutrición, que busca mantener un estado nutricional óptimo en los pequeños, y el proyecto Lactancia Materna que tiene como objetivo prevenir la mal nutrición a través del fomento de la lactancia y sus beneficios.

Durante mis visitas al programa, pude apreciar la problemática que afecta a miles de pequeños y de la real ayuda que entrega nuestra institución. Todos los días, son muchas las madres que se acercan al centro médico Lifeline en la comuna de Croix des Bouquets, donde nuestra Fundación implementa su programa de nutrición, para acceder al tratamiento que permite a sus hijos mantenerse nutridos, factor que en muchos casos puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte. También pude ser testigo de los esfuerzos que se realizan para derribar mitos muy arraigados a la cultura haitiana, que menoscaban la lactancia materna y profundiza aún más el problema de la desnutrición.

La cultura haitiana es rica en tradiciones y costumbres propias que muchas veces puede ser algo intrigante e incomprendida por quienes no pertenecemos a ella. Es una sociedad que necesita de apoyo para entregar condiciones de vida digna y derechos universales a todos sus habitantes, no para cambiar su esencia de vida.

A poco más de dos meses de mi viaje al país caribeño, veo y siento con mucho orgullo y entusiasmo la misión de la Fundación. Siento la necesidad de seguir difundiendo el grave problema que se vive en la isla e invitar a más chilenos a ser solidarios, a tener la capacidad de mirar más allá de nuestras fronteras.