Para Camila, este era un viaje de reencuentro. Pisó la tierra de Haití el año 2014, cuando vivió durante un año como voluntaria ayudando -desde sus conocimientos de matrona- a mujeres y niños de la comuna de Croix des Bouquets. Volvió con el desafío de no olvidar lo vivido. Para Josefina, periodista, este era su primer encuentro.

En 2014, Camila esperaba su viaje ansiosa y emocionada por poder al fin cumplir un sueño. Esta vez, sus sentimientos alternaban entre la alegría y el miedo. Volver a Haití significaba reencontrarse con amigos, sus calles, y su cultura de la que había vuelto enamorada; pero también significaba volver a ver la pobreza, la miseria y la injusticia social. A pesar de esa ambivalencia, sabía que sería una hermosa experiencia. Josefina, por su parte, intentaba prepararse. Pero en el lugar se dio cuenta de que la realidad superaba por mucho lo que imaginaba. Para ella, este fue un viaje de mucha incertidumbre y cuestionamiento, de mantener los ojos abiertos cada segundo, de fijarse en cada detalle y no dejar de asombrarse.

Conscientes de que para lograr un cambio se requiere de trabajo, este año ambas se sumaron como voluntarias a Leche para Haití. Gracias al financiamiento entregado por Fondo Chile, iniciativa liderada por la Agencia de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AGCID) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en septiembre Camila y Josefina viajaron a Haití con la misión de presentar el proyecto “Fomento de lactancia materna”. Firmaron acuerdos con tres centros médicos para implementar el proyecto en la comuna de Croix des Bouquets y aprovecharon de hacer pruebas de diagnósticos a sus profesionales para levantar información sobre el nivel de conocimiento con respecto a lactancia materna y nutrición. Se encontraron con profesionales con muchas falencias en estos temas, pero muy entusiasmados por las capacitaciones que se harán en un próximo viaje en noviembre para que estén preparados a la hora de guiar y educar a las madres de Haití.

Además, fueron con el encargo de participar de las consultas del programa de desnutrición de Leche para Haití y confirmar el buen funcionamiento de este. Vieron cómo niños que han ingresado al programa van creciendo y subiendo de peso gracias al alimento proporcionado por la fundación (RUTF) y al continuo acompañamiento y educación de sus madres o apoderados. Pero también se encontraron con casos como el de Katy, de 9 meses y con solo 3 kilos de peso, un caso que las conmovió, pero a la vez reafirma su convicción de que el trabajo es necesario para que historias como las de Katy y tantos niños que sufren de hambre y desnutrición queden en el pasado.